#ENCIMADEUNABICIVAUNAVIDA

Ya han pasado casi dos semanas de un desgraciado suceso que nos tocó, de una u otra forma, bastante cerca. Bien por tratarse de la misma ciudad y lugar por donde habitualmente pasamos en coche y bicicleta o bien por tratarse las víctimas de personas a las que conocíamos y con las que teníamos alguna relación.


Los accidentes ocurren. No solo en la carretera y con bicis sino en cualquier aspecto de la vida y muchas veces no se pueden evitar. Pero hay sucesos que ni son accidentes ni se pueden considerar accidentes, ni permitir que ocurran sin más y que no tengan consecuencias, pudiéndose además evitar siempre y de manera fácil.

No puede ser o no debiera ser que hayan personas que cojan un vehículo, cualquier vehículo y de cualquier tamaño, en cualquier circunstancia y sin estar “en condiciones” (por decirlo mal y pronto) y poner en serio riesgo a todos de usuarios de la vía. Cuando decimos “en condiciones” nos queremos referir a no coger el vehículo entre otras cosas, bebido, drogado o en situaciones que no solo son ilegales, sino que están o deberían estar fuera de cualquier persona con un mínimo de sentido común.


Además de esto, es muy importante o debiera serlo que, como ciclistas empezáramos a hacer un poco más de seria autocrítica. No vamos a describir aquí y ahora una a una las infracciones que hacemos, solemos hacer o solíamos hacer los ciclistas (y sí, nos metemos nosotros en este grupo porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra). Que si semáforos, que si cedas, que si stops, que si la grupeta es numerosa o no dejamos distancia de seguridad… da igual lo que digamos y como lo digamos.


Claro que está mal cuando nos adelantan rozando, cuando nos pitan con o sin razón pero nos pitan igualmente poniéndonos nerviosos o cuando lo hacen circulando detrás de nosotros y muy pegados. Claro que está mal y no tiene excusa. Ninguna excusa que nos hagan eso y alguna otra “trastada” más. Pero debiera salir de cada uno de nosotros hacer las cosas lo mejor posible e intentar dar ejemplo para que, además de ser los usuarios más débiles de la vía y el colectivo más débil, los conductores de coches, motos, camiones, tractores o cualquier otro vehículo que se nos venga a la mente no nos vea como “el enemigo”, ni provocar enfados entre ciclistas y otros conductores que nunca llevan a nada bueno ni, mucho menos, tener que lamentar desgracias como la que nos trae a esta reflexión. No merece la pena para nadie y todos salimos perdiendo. TODOS.


Y es que todos somos lo suficientemente grandes como para saber lo que tenemos o no tenemos que hacer en cada momento pero lo que sí debemos que tener claro todos, desde autoridades hasta peatones pasando por conductores del resto de vehículos es que estamos obligados y destinados unos y otros a convivir y compartir calles y carreteras.


Lo que no se puede remediar de ninguna forma son las familias arruinadas en el trágico suceso de hace dos semanas, ni las que hubieron antes de éste ni las que por desgracia seguirán habiendo en un futuro si nada cambia en la forma en que convivimos.


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